Apuntes Historiográficos

Por Alexis Js. Acosta Genao

En la época de los ochenta, sobretodo en el periodo post Don Salvador Jorge Blanco, quien había dejado una economía estable, saneada y con una tasa de cambio de 2.80 por dólar, y gran confianza en los agentes económicos de relevancia, todos los bancos confrontamos acciones restrictivas de política monetaria por parte del Banco Central.

Debido a la volatilidad en la tasa de cambio posterior a la salida del PRD del poder, tuvimos que crear un banco de cambio, el Banco de Cambio Cibao, SA, que por la localización del Grupo Bancibao en la intersección de las calles San Luis y El Sol, y frente al Correos, en Santiago, rápidamente se convirtió en uno de los contribuyentes de divisas al Banco Central mas importante de la zona del Cibao.

El Banco Central estableció una letal política de Encaje de los dólares intercambiados en los procesos de compra-venta, a través del tristemente recordado Sistema de Reintegro de Divisas, medida que no sólo era irrealista, sino también imposible de aplicar; la ausencia de divisas en poder del Banco Central originó un dinámico mercado, localizado en el Palacio Nacional,  representada por los “cabilderos”, quienes hacían factible la obtención de divisas por parte de los importadores, sujeto al pago de cierto beneficio sombra.

(Al parecer el Banco Central estimó como prudente encajar las operaciones de compra y venta de dólares para evitar que los bancos comerciales y otros actores del mercado, se dedicaran a acumular monedas fuertes.

Si esta fue la intención que tuvieron las autoridades monetarias, y el gobierno, de controlar la alta tasa de cambio, no estaban equivocados. De hecho, fue algo que por lo menos yo contemplé hacer. Fue mi gran error no hacerlo. Me explico.

Así, por ejemplo, si hubiésemos adquiridos divisas, y acumulado, por $1.0 millón, y la tasa de cambio estaba en alza y a 3×1, el requerido seria $3 millones de pesos.

Si la tasa se duplicaba, es decir, pasaba al 6×1, como ocurrió, y era predecible que esto ocurriría mediante el exámen de las variables económicas, las que fueron claramente expuestas por importantes economistas, el poder de conversión en pesos de ese millón de dólares se hubiese duplicado también.

Esos $3 millones de pesos adicionales resultantes de la reconversión en pesos de los dólares (que por su volatilidad no encajaríamos) hubiesen aliviado en forma significativa las deficiencias en encaje provocadas por los retiros del público para invertirlos en dólares o en otras necesidades.)

Pero la verdad es que todos los bancos pequeños, sin excepción, quedamos desencajados automáticamente al entrar en vigor ese sistema, ya que no era posible mantener parte de esos dólares en “Caja y Banco” como explicamos antes, debido a que los dólares se compraban y se vendían casi en forma instantánea, excepto en los casos en los cuales los exportadores nos entregaban las divisas para ser remitidas al Banco Central.

Fue precisamente el desconocimiento de parte del Gobierno de la naturaleza de esas transacciones lo que ocasionó la confusión de todos nosotros.

Así, si bien es cierto que el reglamento del Encaje contemplaba encajar las transacciones en monedas fuertes, este se referia a “los depósitos a plazo en moneda extranjera”, nunca a transacciones de compra y venta de esas monedas.

Pero el problema no era sólo “Encajar” esos dólares; a esto se añadía la estructura de costos. Por ejemplo, recuerdo que compramos unos dólares a diferentes tasas, compras que iban desde $4.95 por uno, a $3/uno, etc; súbitamente apareció una “legislación” del Poder Ejecutivo, via el Banco Central, fijando el tipo de cambio al $3.50 por dólar.

Esta decisión nos creó un simple dilema de suma y resta el cual quedó resuelto con la ausencia del reporte de los dólares captados a precios reales, o una suma disminuida hasta “que se aclarara el tema” como fue acordado por varios actores del mercado en reuniones con la autoridad monetaria, pués al sin sentido se añadia el no reconocimiento para fines de impuesto sobre la renta del costo directo real pagado por la adquisición de la divisa, menos la tasa impuesta y obligada por el gobierno a la Junta Monetaria de $3.50 por uno.

El problema se agravó cuando el gobierno amenazó a los exportadores y suplidores turísticos, que nos vendían sus divisas, y a los bancos de cambio, de subvaluar los reportes de sus captaciones y ventas, lo cual era rigurosamente cierto,  pues lo que se procuraba era hacer cumplir la exigencia de que debíamos acatar la tasa subvaluada manu militari, y entregar las divisas al gobierno.

La visita de la policía secreta y la represión sólo sirvió para fortalecer el Mercado Negro del cual se beneficiaron, mutuamente, sus operadores y los encargados de reprimirlo.

Contra la transparencia de un mercado nadie puede, y esa es una lección que todos los dirigentes políticos deben entender. Es, pues, esencial estudiar la relación causa –efecto de las alzas en la tasa de cambio.

Otro problema que se nos presentó fue el pago, por parte del Banco Central, de los valores de las importaciones bajo Cartas de Crédito. Antes del Sistema de Reintegro de Divisas, los bancos comerciales, bajo sus líneas de crédito con los bancos corresponsales, financiaban esas importaciones.

Los clientes pagaban en pesos sus obligaciones, como normalmente ocurría, pero el Banco Central no otorgaba las divisas (no las tenia)  para que las acreencias fuesen pagadas al banco del exterior (los bancos corresponsales casi siempre financiaban a los exportadores del exterior descontando las Aceptaciones bajo Cartas de Crédito, muchas veces Sin Recurso, y cancelaban esos financiamientos cuando el Banco Central remitía los dólares)

El problema para los banqueros era de consecuencias legales nunca presentes en el mercado, pues muchos de los importadores se negaban a pagar el exceso de las tasas previamente contratadas alegando que ya ellos habían depositados los pesos, lo cual era cierto en la mayoría de los casos.

Obviamente, tanto el banco local, como el Banco Central, quedaron severamente afectados en sus incumplimientos con los bancos corresponsales que pagaron a esos suplidores internacionales.

Como dato curioso, importadores importantes, como la Cooperativa Avícola de Moca, (desconozco si esa cooperativa está funcionando), cuyo Presidente era un  Sr. de apellido Bautista,  a quien nunca conocí personalmente si no recuerdo incorrectamente, y que importaba maíz y soya, decidieron asumir la diferencia de tasas y pagarle directamente a los suplidores.

Una verdadera genialidad. Nos dimos cuenta de esta realidad cuando notamos una merma importante en las aperturas de Cartas de Crédito.

Sin proponérselo, el Señor Bautista, con su pensamiento preclaro y práctico, eliminó a dos intermediarios críticos del acuerdo  establecido en las Cartas de Crédito “Irrevocables” y “Confirmadas”: al banco local y al banco corresponsal, quienes formaban parte de una relación cuatri-partita [que no se podía romper sin el consentimiento de una de esas cuatro partes], esto es, cliente local, banco local, banco corresponsal, suplidor internacional.

Muchos de nosotros estuvimos siempre bajo el manto de  las Cartas de Crédito, pero esta entidad del interior del país, y el Sr. Bautista, marcó la pauta para una nueva modalidad en la que los banqueros desconfiábamos: las Cobranzas.

CUMPLIR

Esas Cobranzas, sin embargo, demostraban la confianza del suplidor de granos extranjero en esos clientes cumplidores, como una cooperativa de agricultores, que lo que deseaban era cumplir, y que no podían hacerlo debido a los incumplimientos del Banco Central, haciendo honor a la frase de un cibaeño y gurabero, productor de arroz, quien decía que:

“El mejor negocio es cumplir, y no hay que sacarle patenta” (patente).

Por eso, en el Banco Cibao, y en todas mis relaciones empresariales, siempre cumplí, y nunca, ningún cliente, o relacionado, aún siendo este accionista, como un importante ex dirigente comercial, que no fue el comprador de mis acciones,  que trató de extorsionarme, puede decir que hasta el 6 de Julio del 1989, último dia en que estuve en el Bancibao, no se le devolvió sus depósitos cuando lo solicitaron.

Todo ahorrante que fue a buscar su dinero, hasta ese dia, 6 de Julio del 1989, un dia de La Canícula,  recibió sus fondos, aún cuando esos depósitos no estuviesen vencidos.

Pero volviendo al tema de los desencajes por los dólares, disputamos las multas del 36.5 % anual aplicada a los desencajes, pero el Banco Central nunca las quitó afectando muy adversamente el Estado de Resultados de todos los bancos en deficiencia ocasionada por el Reintegro de Divisas. Fue Horrible!.

Naturalmente, la utilización de cuentas temporales para registrar las transacciones de compra-venta de dólares encajadas a los precios superiores a los establecidos por el gobierno, registraban valores que eran significativamente mayor en los bancos mas grandes del sistema.

Estas captaciones fueron utilizadas en litigios entre banqueros en los que las partes en conflicto esgrimieron transacciones en dólares a través de supuestos “bancos paralelos”.

Hubo un banquero que escribió unas Memorias, en la que describe acciones ofensivas por parte de la Superintendencia de Bancos y el Banco Central, representadas por la Superintendente y el Gobernador del Banco Central de entonces, entidades que lo acusaban de irregularidades importantes de millones de dólares, incluso solicitándoles al Secretario del banco el no Descargo.

Debo darle el beneficio de la verdad a ese banquero, y que no hubieron irregularidades en esas transacciones en dólares si estas se realizaron durante la vigencia del Sistema de Reintegro de Divisas, que creo fue el caso; es decir, me parece que esas transacciones fuera de libros no eran tales, sino un reflejo del terrible mal que nos ocasionó, a todos los bancos, el Encaje de la compra y venta de dólares, Encaje que no sólo fue un error, sino una medida con buenas intenciones, pero imposible de cumplir.

Pero volviendo al tema de las transacciones de compra-venta de dólares, la realidad era que ningún presidente de esos bancos tenía el control, ni lo tiene hoy dia, ni nunca lo tendrá,  de esas operaciones, el cual era parte de la responsabilidad de los ejecutivos encargados de los Departamento de Operaciones, quienes eran los que tenían tanto el control del encaje, como de todas las transacciones en dólares y otras monedas fuertes, en todos los bancos; si ellos hubiesen encajado esas transacciones en dólares, lograr beneficios mínimos no era posible, y hubiese sido caótico en extremo desde el punto de vista operacional, un imposible.

Además, en las reuniones con el Banco Central en las que participé, se acordó que la Junta Monetaria estudiaría el caso; el tema cayó en un letargo.

No recuerdo la decisión que tomaron las autoridades pues salí de la banca el dia 6 de Julio del 1989, pero casi estoy seguro que el tema quedó  en un limbo.

LA PARTIDA DOBLE

Como anotación al margen de los procesos de Desintermediación Financiera, deseo anotar que no obstante el hecho de que esas transacciones en dólares fuesen encontradas, desmonta el criterio de un llamado “Banco Paralelo” en el Bancomercio, y donde alegadamente se registraban todas esas transacciones en dólares, pués es imposible ocultar cualquier tipo de transacción contable debido al principio de partida doble mediante el cual se balancean los libros de un negocio, sistema que fue implementado por Fra Luca Bartolomeo de Pacioli, el fundador de la Contabilidad tal como la conocemos hoy, hace mas de 500 años y es por eso que fueron encontradas. Estaban ahí, a la vista de todos.

Recuerdo a un antiguo Profesor de Contabilidad Forénsica Avanzada quien nos enseñaba sobre los llamados “Umbilical Cords” -Cordones Umbilicales- que impiden ocultar transacciones contables.

Entender a plenitud estos procesos, sobre todo debido a una “Complaciente Auditoria” según la opinion de un distinguido abogado (realizada en un banco del Cibao) que examiné en detalle,  del año fiscal 1988, -y  parte del 1989-, que realizó una compañía auditora, entidad honorable, pero muy mal representada, y en forma desafortunada por su ex Socio de entonces, quien por cierto, es mencionado en unas Memorias,  y quien también era el auditor del Baninter, quien se negó a discutir la misma con el Presidente y los ejecutivos a cargos de las operaciones diarias de ese banco, a pesar de que los afectados fueron tres veces a esa compañía auditora, y una y otra vez le negaron la misma, las que obtuvieron finalmente de parte de Don Anibal de Castro, quien se las facilitó para que la fotocopiaran,  me motivaron a ir de nuevo a la universidad a tratar de obtener conocimientos sobre el tema.